lunes, 26 de septiembre de 2011

Provincia de Valladolid

URUEÑA

Lo que muy poca gente sabe, es que Urueña fue la primera Villa de España, en antaño una ciudad con vida y bullicio en cada una de sus esquinas. Hoy Urueña, se conserva como un museo al aire del paso del tiempo, Resguardada entre los muros de una imponente muralla medieval, esta ciudad esconde entre sus calles estrechas y casitas de una planta tesoros y misterios que nunca le viajero sabría que existían.


En el día de hoy, Urueña se conserva con denominación de la Villa del Libro, y en cierto modo es así, en el interior de las muchas casitas que forman el pueblo, se encuentra infinidad de librerías, de museos del libro e innumerables sorpresas que nunca se supo que llegasen a coexistir en un lugar tan escondido y alejado de la civilización.

Su centro cultural esta sitiado en una antigua iglesia donde aún dan misa a los pocos habitantes que quedan del pueblo.

Sensación agradable es la de adentrarse en una de sus muchas librerías y darse cuenta que los libros que se venden solo pueden hacerse allí, con libros raros, extraños y soñadores como la mayor parte de la gente que entra para echarles un vistazo.

La imagen que a uno le queda de Urueña cuando se marcha, no son las de sus calles empedradas perfectamente arregladas, ni las de sus casas de turismo rural que las invaden, sino la de a lo lejos, en lo alto de la montaña la muralla resguardando el tesoro que tiene dentro, bueno, esa y la de la Ermita de la Anunciada, un templo religioso, que a unos doscientos metros no saca la vista de la muralla a lo lejos, lo mismo que el viajero que va adentrarse entre sus paredes.

MEDINA DEL CAMPO
La Villa de Medina del Campo, siempre estuvo presente en las mentes de todos los amantes a la historia y al arte, por ser en tiempos del gran imperio español una ciudad puntera, pues con su castillo de la Mota y el palacio de la Reina Isabel la católica, fue lugar de descanso de la mujer más poderosa de occidente de la época, así como de los reyes de Aragón.


Situada en un emplazamiento privilegiado, está a menos de cien kilómetros de las seis grandes capitales de la provincia castellanoleonesas, hecho que esta villa supo aprovechar como pocos en la época dorada del ferrocarril, convirtiéndose un punto neurálgico del tren.

Rodeada de alcornoques y encinas, a poco mas de dos kilómetros y entre las llanuras de castilla se puede divisar la torre del su monumento más internacional, el Castillo de la Mota, hoy perfectamente restaurado tanto por dentro como por fuera y que durante años fue símbolo de uno de los imperios más grandes de la historia. Pero seriamos injustos, si solo nos quedásemos con la imagen del castillo rojizo de ladrillo que impera en una de los pocos montes que existen. También nombrar el cementerio de “moros”, que esta al lado del castillo y que por aquellos tiempos, fue símbolo de dos mundos enfrentados.

La ciudad de medina es ante todo cultura, como el que se respira en su plaza principal, espacio enorme y peatonalizado, que se ve rodeada de un sinfín de soportales, donde en muchos de los casos, los comercios emplazados, guardan la estética y el olor de los años 40, como si el tiempo se detuviese en ese mismo instante en ese reducido lugar.

A la cabecera de la plaza, cabe destacar tres grandes monumentos, su ayuntamiento, de corte clásico, la Colegiata de San Antolín y justo al lado, el Palacio de la Reina, que según cuentan las leyendas, guarda un pasadizo secreto hasta el mismo castillo.

También hay que hacer hincapié en el rio que atraviesa la villa, hoy encauzado y seco y que durante muchos años inundaba la vida de los medinenses en época de fuertes lluvias, sin dejarnos de lado, la iglesia de San Miguel, que resguarda el cauce del rio, justo al lado del puente más importante de Medina.

A las afueras también  guarda sitios de interés, como es el impresionante balneario, uno de los mejores de España, rodeado de un paisaje tranquilizador.

A Castilla se le puede achacar muchos tópicos, lo que está claro es la historia es uno de sus puntos fuertes y la villa de Medina del campo el mayor de todos.


VALLADOLID
Pocas ciudades existen en España, con tanta cantidad de edificios señoriales en un estado impecable como el caso de Valladolid. Ciudad bañada por el Pisuerga, se convirtió desde sus años más remotos en capital del señorío y la nobleza, hecho que hoy se puede apreciar por la cantidad de enormes casas clásicas que permanecen impolutas en la mayor parte de las calles del centro, hoy totalmente peatonalizado y hecho para el disfrute del visitante, que no dejara de mirar para un lado  para el otro ante una joya clásica y volvemos a repetir señorial, como es Valladolid.

Aunque su punto neurálgico se encuentra en su plaza Mayor, con su preciso ayuntamiento al frente y bordeada por casones de color rojizo con soportales, que dan al espacio una sensación de burguesía como en pocos lugares se puede ver en España. A pesar de todo esto, lo grande de Valladolid es perderse en sus innumerables calles céntricas, en las cuales, nos encontramos en cada esquina con un edifico emblemático de la ciudad, siempre en perfecto estado. También cabe sobresaltar, las placitas que al final de cada barrio hacen de frontera arquitectónica y donde siempre se encuentra una estatua y unos bancos, estos últimos, ideales para descansar en los días cálidos de verano.

Pero Valladolid también es sinónimos de grandes avenidas, en las que se puede ver al final de cada una de ellas un parque, como es el caso de Campo Grande o un lugar emblemático como la Estación de Tren o el impresionante palacio de la academia de Caballería, edificio que se erige entre la avenida mas grande de Valladolid y el mayor de sus parques.

Bonito también es el paseo al lado del rio, que si bien, recuerda al paseo que posee León.

La historia también se hace presente en esta ciudad, en forma de iglesias y catedrales, algunas semi ruinosas en sus claustros, pero que guardan esa forma, para asombrar al turista y otras en perfecto estado, como  es el caso de su catedral de estilo herreriano.

El gusto por el buen hacer y la elegancia ya se aprecia en la ciudad, en la zona de la afueras o zona nueva, donde al entrar podemos observar la colocación perfecta de los bloques de edificios, posados sobre grandes zonas verdes y jardines y que hacen que el residente se olvide de que esta en una gran ciudad.

Valladolid presume de ser la capital del antiguo reino de Castilla, título que puede soportar con orgullo, ante el cuidado con el que se conserva una ciudad como esta.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Provincia de Leon

PONFERRADA
Cuando a uno le hablan de Ponferrada, le viene la imagen de una ciudad industrial, gris y de edificios de ladrillo castellano gastado. Nada más lejos de esta idea, adentrarse en esta ciudad después de hacerlo desde hace muchos años o dejarse llevar por las habladurías que nos llenó la cabeza de estereotipos inútiles y obsoletos, la ciudad de Ponferrada crea la maravillosa sensación que solo pueden ser parte de una sorpresa para bien que no esperamos llevarnos.

Nada mas adentrarnos en su zona industrial o ciudad nueva, vemos que el color gris fue cambiado por la rehabilitación y limpiezas de las fachadas, que hace años estaban enmugrecidas por el negro de las minas del carbón sobre las que fue creciendo la ciudad. Sus aceras, compuesta por baldosas de colores borran con fuerza y rapidez la imagen de calle gris que todos tenemos en mente, a lo que hay que sumar la cantidad de avenidas franqueadas por árboles y jardines que nos encontramos y hacen que no sintamos sosegados.
Pero sin duda, lo que mas llama la atención al viajero, es la rehabilitación que ha sufrido el centro histórico durante los últimos años, no solo su imponente castillo templario, que injustamente, eclipsa el resto del centro. Bordeando la calle que sube el castillo, nos encontramos con casa pintadas de vivos colores, que predominan en toda castilla y sobretodo en la provincia de León y que hoy son bares y restaurantes donde el viajero se queda atonito ante lo que tiene delante. Sus calles estrechas, sus iglesias imponentes, sus plazas de baldosas finas, sus estatuas, su gran plaza central que preside el ayuntamiento, que se resguarda entre casas del siglo pasado de color amarillo y naranja y la visión de algo antiguo que supo reinventarse como pocos para llamar a los nuevos tiempos, hacen de Ponferrada una verdadera joya, que durante años estuvo olvidada y despreciada por los malditos tópicos, símbolos inequívocos de cuando la ignorancia y el desconocimiento inunda una mente.


ASTORGA
Ser en el pasado una de las grandes ciudades romanas de Hispania junto con Lugo, Mérida y Braga, las cuales comparten con Astorga el mismo fundador (Augusto), deja un gran sabor de boca cultural e históricamente hablando. Astorga durante los años antiguos fue uno de los grandes pasos romanos desde la meseta y los pueblos salvajes del norte y eso hoy en día pervive en toda la ciudad, que aún conserva un trocito de su muralla romana desde al que se defendieron en las guerras cántabras, pero no solo acaba su historia romana en un trozo de muro, sino que por la ciudad existen diferentes vestigios en forma de restos escavados por sus calles que nos recuerda su floreciente historia del imperio romano.

Pero si hay algo que todo el mundo tiene en mente, no es ni siquiera su acogedora plaza mayor de soportales y su ayuntamiento de piedra al fondo, sino su gran catedral y el palacio de Gaudí que reside justo al lado, presumiendo que en apenas 30 metros perviven restos de la cultura romana, la iglesia del postromántico y la visión de un Gaudí esplendoroso, que dejo su huella en un palacio de piedra gris brillante propio de las películas de Tim Burton.

La vejez de sus calles estrechas de color piedra arcillosa, que marcan el paso de los peregrinos que recorren el Camino de Santiago, las casas coloniales en las esquinas de los cruces mas importantes y el poder de su gastronomía en forma de mantecados y hojaldres, se suman a la ya imagen histórica de Astorga, como ciudad importante en varias épocas de nuestra civilización.


VILLAFRANCA DEL BIERZO
Todos los que pusimos por primera vez nuestros pies sobre la villa de Villafranca del Bierzo por primera vez, nos entró un cosquilleo interior causado por la ansiedad de verlo todo, ante lo que teníamos delante de nuestros ojos, que si bien, solo era una ínfima parte, nos dejaba entrever que en cada esquina y callejuela se esconda un tesoro histórico. Su localización, en medio de las montañas y con un río poderoso atravesando la ciudad, traslada a la mente hasta reinos perdidos que tantas veces han intentado soñadores y expedicionarios buscar.
Que una villa tenga dentro de sus entrañas, infinidad de capillas e iglesias, monasterios, palacios reales, catedrales, castillos de cuento de hadas y puentes de madera que atraviesan riachuelos nos da cuenta, de que a veces los decorados de cine y cuentos existen en la realidad y muchas veces más cerca de lo que creemos.
Su castillo de torres barrigonas anchas con tejado de cono en lo alto del pueblo, sirve de excusa para bajar por sus callejuelas, que en la mayor parte de los casos están bordeadas por caserones con grandes balcones de madera, hoy perfectamente restaurados.
Nombrar la infinidad de iglesias y palacios que se extienden en sus calles es nombrar la Villafranca del Bierzo mas histórica y cercana y que podemos observar tubo una importancia enorme.
Su gran plaza, hoy a punto de terminar de reformarse, se reguarda entre soportales de piedra donde descansan terrazas de bares y restaurantes para tomar algo.
Hay que nombrar además sus parques, la mayor parte de las veces delante de los muchos edificios históricos, sus puentes de piedra medievales de arco de punta, bañados al frescor del rio que cruza el pueblo y que al verlo, nos damos cuenta de que su surco no podía ser otro que el que tiene actualmente, ya que la villa creció en una armonía perfecta a su lado, sin que los atropellos de casas forzadas que se ven en muchos lugares, sucediese aquí.

LEON
La que fue hace mucho tiempo capital de un reino, hoy se congratula de ser una de las ciudades más bellas del norte de España, con una mezcla perfecta entre el señorío y la historia, León, guarda en sus entrañas un mundo donde todos tienen cabida, vengan de donde vengan.

León supo cómo pocas ciudades de España modernizarse lentamente y conseguir un equilibrio perfecto entre su abundante historia y el modernismo que llamaba a sus puertas, sin sufrir ningún tipo de atropello.
Durante años, su catedral, la más bella y perfecta de las catedrales de góticas de España fue su gran llamada turística, haciendo que todo lo que tenía a su lado se empequeñeciese y a veces pasase injustamente inadvertido. Hoy en día, la gran reforma que sufrió sus calles próximas, todo el centro histórico y la mayor parte de la peatonalización de la zona vieja, hacen de su catedral la joya de la corona que está asentada en una urna de oro. En los tiempos presentes, catedral y centro histórico guardan una consonancia perfecta y da la impresión que uno podría ir sin el otro. Palacios como el de San Isidoro, compartiendo muro con la catedral, es otro de sus grandes reclamos, el Palacio de los Botines, imperante edificio cuadrado con torres, permanece esbelto, dándole la bienvenida al comienzo de la zona vieja, sus innumerables plazas bordeadas por casas pequeñas multicolor típicas del reino de Castilla, la plaza gran  del ayuntamiento, que sirve en determinados días de la semana de mercadillo…
Pero si hay una zona en ebullición en los tiempos presentes, ese es el Barrio Húmedo, conjuntos de calles estrechas del centro histórico, que resguardan uno y mil bares y restaurantes, donde en fines de semana desde que sale el sol hasta que se pone se convierte en un hervidero de gentes tomando cañas y tapas.
León, también guarda belleza fuera de su zona céntrica, cabe una mención especial los restos de su muralla romana que bordea la antigua capital del reino, las iglesias menores que asentaron sus cimientos sobre antiguos restos romanos. Impresionante es también el paseo a ambos lados de su rio, surcado por paseo anchos y plazas de baldosa, donde miles de personas dan paseos y descanso a sus cabezas. Justo en una de esas plazas, se encuentra uno de los edificios más impresionantes de la ciudad, el  señorial palacio de San Marcos, que parece requerir protagonismo más allá de la zona céntrica.
También cabe destacar su zona nueva, perfectamente trabajada, con grandes zonas verdes y ajardinadas, donde el espacio no es un problema, sino todo lo contrario.
León puede ser una ciudad desconocida para el turista, durante mucho tiempo tapada injustamente por otra ciudades del norte como Coruña u Oviedo, pero lo que está claro, es que el tiempo es el mejor juez y hoy León, está posicionada entre las ciudades más bonitas y cuidadas de España.



martes, 23 de agosto de 2011

Portugal, ese pais de al lado.

No podía esperar más y no escribir algo sobre un país que nos vuelve loco, tanto a mi novia Ana como a mí, se trata de Portugal. País ubicado en un extremo de Europa, y durante años olvidado y arrinconado. Con los pasos de los años, Portugal se quito los complejos de encima y hoy en día puede presumir de ser uno de los países más bonitos y sus ciudades unas de las más acogedoras, y que decir de sus gentes, pocos son los que se han acercado a Portugal y no se hallan sentido como en casa.



OPORTO

Pocas ciudades en el mundo vi más románticas que Oporto, ni siquiera Venecia o Paris pueden comparársele. Su aire mestizo entre lo decadente y lo intelectual hacen de Oporto una ciudad cálida y amable. Callejuelas gobernadas por adoquines húmedos, aceras sombreadas entre edificios coloniales de color legumbre a medio derrumbar, balconadas gobernadas por ropa colgante al secar del viento…Viajar por las calles de Oporto es hacerlo por el interior de uno mismo. Considerado Patrimonio de la Humanidad desde los años ochenta deja muestra de ser una ciudad monumental. Me recuerda también mucho a La Habana, en ese desfile de edificios enormes semiruinosos entre calles de piso de piedra. Impresionante la Avenida del Ayuntamiento con ese toque señorial y que decir de la Rivera del Doiro, al atardecer y con el sol poniéndose en su desembocadura hace pensar en el rodaje de una película mientras el director da órdenes en un muelle de película. Impresionante también la vista de Oporto desde el otro lado del río Doiro, en el distrito de Gaias, con esa visión de unas casas encimas de otras entremezcladas con edificios reinantes religiosos y artísticos.
Pocas cosas relajan tanto como sentarse en las sillas de la Plaza de la Batalha y mirar el ir y devenir de gentes. No se puede marchar uno sin entrar en el Café Bar Java que gobierna el fondo de la plaza o acercarse hasta la estación de autobuses y contemplar sus impresionantes azulejos con imágenes, como la mayor parte los edificios históricos de la ciudad.

LISBOA
Tengo que decir una cosa, la causa por la que Florencia no me impresiono y no sufrí mi particular Síndrome de Stendhal fue porque anteriormente había descubierto Lisboa. Si Florencia posee la sobrevalorada Plaza de la Republica, Lisboa presume de la Plaza del Comercio, mas grande, mas colosal, mas brillante…Lisboa es todo lo contrario a Oporto, si la primera representa lo viejo, lo decadente, el romanticismo en estado puro, Lisboa se antepone en todo lo contrario, modernidad, efusividad, ritmo vertiginoso de gran ciudad.
En pocas ciudades se ha sabido compaginar tan bien lo antiguo y lo moderno sin apenas hacerse daño, respetando historia y recibir con los brazos abiertos el modernismo. Lisboa y sus innumerables plazas, avenidas y parques comulgan a la perfección con casas típicas lisboetas de color blanco y tejado rojo teja. Grandioso ver pasar por sus calles el tranvía de hace décadas como parte del espectáculo que ofrece Lisboa, los raíles y los adoquines en simbiosis perfecta. Es una bendición el mirar a ambos lados donde la imagen del paisaje vale más que mil palabras.
No se puede perder un paseo de principio a fin de la Avenida da Liberdade, ni el Cristo Redentor, ni La Torre de Belén….ufff y el Barrio de Alfama, perdido entre callejuelas estrechas con sonido de fado en una Lisboa vieja que resiste imponente el paso de los años y los turistas.

BRAGA

Braga es mi ciudad de Portugal preferida, la primera visión que tuve en mente cuando visite por primera vez Verona en Italia fue la de Braga, ciudades consonantes en diseño y comodidad, parejas en estructura y ambiente. Antes de adentrarse en ella, la zona nueva, con grandes avenidas, edificios altos y la modernidad exigente de la tercera ciudad más grande de Portugal. Pero una vez, que dejas el presente/futuro y penetras en su zona histórica, Braga es una ciudad de cuento de hadas, en donde en vez de duendes y caballeros, conviven portugueses norteños de piel blanca. Al primer vistazo Braga podría parecer una ciudad de un país nórdico del este de Europa. Jardines amplios, casas pequeñas unifamiliares y sobretodo un centro histórico perfectamente cuidado y lo que es más importante, casi todo peatonal, metros y metros de calles para el disfrute del caminante. Su Plaza de La Republica podría ser un cuadro de Rumbens del siglo XXI, fuente, jardín, ayuntamiento al fondo y al otro lado a lo lejos reinante el Bon Jesús y el Monasterio de Sameiro en lo alto de la montaña que gobierna Braga y desde donde se puede tener la mejor vista panorámica, custodiada entre sus enormes pináculos.
Ciudad mediana y moderna y a la vez cuidada y coqueta, con cada elemento por el que está formado colocado en su sitio, de las ciudades que ya no quedan en España, y encima esta tan cerca...pero a la vez tan lejos...pocos turistas españoles echan la vista atrás y se fijan en ella como uno de sus destinos predilectos, salvo mi novia Ana y yo, de la que Braga para nosotros es como Bremen para los cuatro músicos, una ciudad de encanto. Que siga por muchos años.

COIMBRA

Ciudad de curas y estudiantes, el retroceso y el progresismo, una vez más como pasa en la mayor parte de las ciudades de Portugal, el pasado y el futuro cabalgan sin atropellos. Controversia en estado puro.
Ciudad inclinada en la montaña, con su río como frontera de otro distrito y desde el cual se puede observar una de las visiones mas descriptivas de Coimbra. Esbelta, insultante hacia el cielo, rebosante de ideas y cultura. Su universidad en lo alto forma una de las imágenes mas bonitas que no nos brinda solo Coimbra, sino Portugal entero. Sus edificios, uno en frente otro, como si se tratasen de la acrópolis de Atenas, con miles de estudiantes que pueblan sus plazas, sus calles que conducen al centro de Coimbra. Ciudad decorada en sus aceras y calles por adoquín y empedrados que forman figuras. Mas que en ninguna otra de Portugal, Coimbra es la ciudad del suelo que se convierte en arte. Lugar de pequeñas plazas, de parques con fuentes misteriosas, calles inclinadas, laberintos de callejuelas resguardadas con mercadillos, cuestas interminables...
Al otro lado del río la Ciudad Dos Pequeninhos, nada del otro mundo, con más fama que otra cosa, en cambio en sus colinas se aposenta monasterios y seminarios que recuerdan mejores tiempos.
Mi novia Ana y yo nos alojamos en uno de los sitios mas entrañables que puede haber, el Hostal Kaninmanbo, presidido por una señora de figura débil pero de corazón fuerte.

GUIMARAES

Ciudad con encanto a poco tiempo en coche de Braga y de Oporto, situada en medio del recorrido de ambas. Proclamado patrimonio de la humanidad su centro histórico al ser considerada una de las menores ciudades medievales de Europa. Todo en su centro histórico en perfecto estado, limpio, cuidado para el disfrute del turista que invade Guimaraes en Semana Santa. Sus calles medievales peatonales se fusionan con iglesias y capillas de la época, balconadas en plazas céntricas que hace siglos fueron el centro neurálgico de la sociedad y del pueblo, hoy transformadas en terrazas y bares con olor a antiguo que conservan su ambiente histórico.
A las afueras, en lo alto de la montaña se aposentan uno de los mejores emplazamientos arqueológicos de todo Portugal, con castillo, capilla y un enorme palacio que hace sentir pequeño al visitante, y todo en el mismo sitio, a apenas unos metros unos de otros. También, como todo Guimaraes se conserva en prefecto estado. Estar en medio de todos estos resquicios arqueológicos es hacerlo en otro tiempo, la sensación de haber retrocedido es inevitable.
A parte de su centro histórico medieval, Guimaraes guarda encanto en todo el resto de la ciudad, con plazas adoquinadas formando figuras de colores que soportan parques y plazas larguísimas. Además de otra muralla que antiguamente resguardo toda la ciudad.
Sin duda Guimaraes es el ejemplo perfecto de un montón de épocas conviviendo entre si y que dejaron como legado innumerables edificios y elementos que hoy podemos disfrutar como si fuese un libro de historia abierto.

CHAVES

La primera vista que se tiene de Chaves antes de entrar en su centro histórico con el puente romano como único paso, es el de una ciudad que guarda un montón de historia y secretos en su interior. A pesar de ser una ciudad pequeña, se aprecia que cada reducto, cada lugar, cada esquina guarda una belleza sobrecogedora, y en gran medida viene dada por la mezcla de culturas e historia en la que esta empapada. Desde el imperio romano que la hizo ser una de las ciudades mas importantes del norte de la península ibérica y que dejaron como legado puentes arcaicos que soportan como nadie el paso del tiempo, ciudades romanas o piedras misteriosas, para luego pasar por la edad media y que como testigo queda una torre medieval de un castillo que sobrevive en las laderas de una muralla que en otros tiempos salvaguardo a la ciudad, hasta llegar a la universidad de hoy en día, símbolo de estudiantes y revolución.
Pero a parte de esto, Chaves es el Portugal profundo, el Portugal textil que se aprecia mas que en ningún otro lugar en ferias de calles interminables con centenares de puestos donde portugueses con micro en mano muestras sus precios increíbles a precio de rebaja en sabanas o colchas. Sin duda mi novia Ana y yo nos llevamos una satisfacción muy grande al descubrir una ciudad que no estaba en nuestros planes, y poder pasear por sus calles peatonales recién estrenadas entre edificios al más puro estilo portugués desde donde cuelgan balconadas multicolor que miran el pasar del río.

BRAGANÇA

Puede ser que la ciudad de Bragança a primera vista no guarde ninguna reliquia para el visitante, pero esta ciudad situada al norte Portugal, a escasa distancia con Galicia puede presumir de ser una de las más tranquilas y acogedoras de Portugal. Posee un castillo en lo alto de la montaña con una muralla rodeando la antigua ciudadela de Bragança, y todo en perfecto estado de conservación, tanto la torre, los muros y las decenas de casas que antiguamente formaban un reino. Desde este enclave se puede divisar una visión entera de Bragança, más moderna en la que confinan parques modernos con casas antiguas que bañan sus caras al río.
En el interior de la pequeña ciudad un centro histórico completo y bello, con iglesia, crucero, ayuntamiento y plaza y todo observado desde una esquina bordeada de calles de piedra y adoquín donde se enclava una cafetería situada en una caserón colonial abalconado.
Bragança es lugar de estudiantes y aunque parezca imposible, compagina este frenesí con la tranquilidad que invade la ciudad en fin de semana. Sin duda para ir unas pequeñas vacaciones y relajarse mientras uno divisa en lo alto de la montaña los muros de una muralla que antiguamente resguardo un pueblo lleno de vida e historia.

CASCAIS

Si estuviese vago, podría resumir en un adjetivo o frase todo lo que es la costa de Casais y Estoril: La costa azul de Portugal. Con esto, ya tendríamos descrito con suficiencia, todo lo que esta parte envuelve. Pero no me voy a quedar en una simple comparación, con una de las partes mas bonitas de Europa y del mundo. El paisaje que se recorre hasta llegar a esta ciudad que se situada en la misma punta de la nariz de Portugal es casi bucólico, sucesión de playas minúsculas con arena color tierra oscura, rocas al servicio de las olas, casas de verano relucientes al sol del atlántico y una carretera que sirve de itinerario para la vista.

Cascais no se parece en nada ninguna otra ciudad de Portugal, salvo su vecina Estoril, ambas construidas para el disfrute hace años de la Jet set portuguesa y española. Ciudad costera, ciudad de playa para turistas que aburrieron la costa del sol.

Cascais posee calles adornadas a ambos lados de enormes árboles que hacen sombra al viandante. Chalets y casas de verano de alto standing adornan las avenidas que hace pocos años se levantaron. El centro, su pueblo antiguo se encuentra perfectamente cuidado, viéndose los retoques que se le dieron es esta última época. Preciosa la vista de Cascais desde su pequeño pero elegante puerto, con caserones en forma de castillo sobrepuestos sobre acantilados de roca que guardan en sus faldas calas de arena blanca.

En el centro casitas minúsculas de una sola planta que fueron y son casas de viejos lobos de mar, hoy conectado con plazas de adoquín recién construidas y que guardan un toque antiguo para no romper la sintonía.

Grande es su vida en verano, miles de viajeros atraviesan sus estrechas y peatonales calles dirección a la playa mientras se paran en puestos ambulantes de minúsculos mercadillos y tiendas de suvenir. Mi novia Ana y yo pasamos en esta ciudad y en una pequeña cala en el centro de Cascais unas vacaciones maravillosas.

Cascais es una ciudad privilegiada y eso se puede apreciar en el brillo que reluce en todo el contorno adornado por el sol reluciente del atlántico.

AVEIRO

Está visto que muchas veces lo bueno se hace esperar, y en este caso con Aveiro ocurrió lo mismo. A pesa de pasar en numerables viajes por Portugal a escasos Kilómetros, nunca me había dador por para y verla. Esta vez, todo fue distinto, con un viaje programado con mi novia, nos decimos pasar dos días en una de las ciudades más bonitas y relajantes, no solo de Portugal, sino de Europa entera. Entrar en Aveiro, es hacerlo en una estructura arquitectónica distinta al del resto de ciudades de la península Ibérica, y todo subrayado mediante las lagunas y arenales que dan la bienvenida al viajero nada mas entrar en ella. Luego sus canales (que nadie espere encontrarse con otra Venecia) bien cuidados y que presiden las partes principales de la ciudad y de su zona vieja, sus puentes coloridos y adornados por flores en macetas colgantes mientras "góndolas" portuguesas surcan los canales. Precioso la zona peatonal del ayuntamiento, la catedral, el museo, las callejuelas estrechas confinadas a casas de planta baja de azulejo o colores vivos donde al final siempre suele haber una plaza. Y en la zona del canal principal un centro comercial colosal, que lejos de romper la estética de una ciudad tan distinta, le da el toque final y especial.

Pero mas bonito aun es su costa, con casitas de madera de colores que parecen haber salido de una película mágica de Tim Burton, y con su faro gigantes (el tercer faro mas grande del mundo) sujetando del cielo.

Si Aveiro presume de ser una luz clara, cuidada, blanca, relajante nada envía la noche, con canales alumbrados a la luz de farolas y casas colindantes.

Que nadie piense cuando va a Aveiro, que se va encontrar a otra Venecia, Ámsterdam o Brujas. Se encontraran con Aveiro, y eso ya es mas que suficiente.

VIANA DO CASTELO

Si me quedase con una imagen, nada mas entrar en Viana do Castelo es la de la combinación perfecta entre modernidad y lo clásico, salvo una aberración urbanista en forma de edifico de 12 plantas a la puerta de la zona antigua que espanta a todo el que le echa un vistazo, aunque este solo sea de reojo.

Llama la atención, lo cerca que esta todo lo que puede ofrecer esta ciudad. A la entrada un parque longitudinal que recorre toda la calle principal y separando a un lado, un puerto excelente, con barcos de crucero y algún que otro yate, seguido no muy de lejos de unas playas con pequeñas dunas que invitan al baño. Y al otro lado el final de la zona moderna para dar paso al corazón de Viana, tan señorial, artístico, cuidado y arquitectónico que se puede presenciar con solo dar un paseo largo por sus calles empedradas y largas, que guardan iglesias y edificios regios.

Pero si hay un lugar que mejor resume la esencia de Viana, esa es la plaza del ayuntamiento, en el centro de la neurosis peatonal, donde todas las calles antiguas van a desembocar, para dejar paso al viajero y que se pierda en su centro, que sin ser muy grande ofrece mucho a la vista.

Pero Viana, no son solo plazas, innumerables calles estrechas y algunas anchas antiguas. Basta con alzar la vista y ver en lo alto del monte una iglesia descomunal, con forma de templete gigante, la iglesia de Santa Lucia, que si ya impone desde la parte baja de Viana, una vez arriba, basta con echar un vistazo a las vistas que allí se divisan, y que, a aunque uno no sea creyente, puede encontrar la paz interior que uno siente cuando se está en Viana do Castelo.

PONTE LIMA

Sera injusto, para describir Ponte lima, solo quedarme con su impresionante puente de piedra quraviesa el río, y dedicarme a describir su preciosa iglesia al más puro estilo artístico, mas parecido a algún país del este de Europa.

Cabe decir, que el descubrimiento de Ponte Lima fue mas que asombroso y en gran medida porque iba con la idea en mi cabeza de que me encontraría con un pueblo pequeño y con solo dos o tres cosas interesantes que ver, lejos de eso, lo que encontré fue un pueblo perfectamente cuidado, el que mas de todo Portugal sin ninguna duda. Lleno de vida, sus calles parecen rebosar de pasos de personas. Plazas de tamaño medio y custodiadas por edificios coloniales, culturales, arquitectónicos, que parecen no tener más de un año de vida a pesar de soportar sobre sus cuidadísimas y limpias piedras varios decenios encima.

Cada calle, cada callejuela, cada rincón guarda un secreto al viajero. Cualquier cosa, desde los residenciales hasta los bares donde rebosa el vino verde, guardan sintonía con todo que hay alrededor. Venditos ojos fueron los que imaginaron una nueva vida para un pueblo antiguo y viejo. Los ojos nunca descansan, pues a cada paso parece topar con algo nuevo y rustico que atrae la vista.

Balcones, plazoletas, iglesias, casa señoriales, parques, riberas de ríos...y todo en un pueblo que bien podría ser un distrito de cualquier cuidad de Portugal.

Ponte lima fue tierra de Celtas y romanos, de señores feudales y de revueltas irmandiñas. Hoy es tierra de todos, por conservar tan vivo su legado.

Cuenta la leyenda que cuando el escritor Stendhal entro en la Santa Croce de Florencia padeció una serie de mareos, pues sus ojos no podían captar todo lo que tenía que ver de una mirada, si hoy se pasase por Ponte Lima, seguro que el mareo acabaría en desmayo.

AMARANTE

Adentrase en Amarante, es hacerlo en tierra de vino al sur de Portugal. Situada en un valle, rodeada de montañas y resguardada al caudal del Río Tamega, la visión de la ciudad a ambos lados del puente de São Gonzalo, es estremecedora en cuanto a tranquilidad y sosiego. Omnipresente, se forja en el mismo lugar, el monasterio del mismo nombre que su puente, a un lado de la orilla y al otro, con la mima fuerza, posicionado esbelto en color amarrillo la Casa da Calçada, anteriormente, palacio de nobles y reyes. Toda esta vista, no tendría la misma fuerza, sin la plaza central que lo une todo, con adoquín portugués, brillando a la par de enormes casas coloniales del siglo XVIII. Si el río forma la fortificación de los edificios mas característicos de Amarante, el interior de la ciudad, invita a una no menos lujosa vista. Calles estrechas semi peatonales, resguardadas por casitas en forma de chalet unifamiliar, con grandes balcones de madera, pintados al color de cada casa. Mas calles, mas casitas balconadas, mas plazas pequeñas que llevan o son destino de mas callejuelas. Todo en un palmo de terreno que se descubre en un abrir y cerrar de ojos. Amarante es una pequeña ciudad que invita al sosiego, a la tranquilidad, a paseos lentos entre callejuelas, que algún día guardaron secretos religiosos y todo, presidido por el imponente río Tamega, con sus orillas plagadas de arte y arquitectura histórica de hace unos siglos. Bien se puede ver Amarante en una mañana o incluso antes, pero la sensación que deja al visitante, por suerte, no se va tan rápido.

BARCELOS

Cuando uno entra por primera vez en Barcelos y solo divisa el monasterio medio derruido con su iglesia al lado del río y que es presidido por un puente antiguo, pensara que es lo único y poco que tiene que ver esta ciudad. Pero si uno, se va adentrando sin darse cuenta en las callejuelas peatonales y a veces, más anchas de lo normal, se dará cuenta, que lo mucho que le queda por ver, está a punto de aparecerse en frente. Estas calles peatonales, resguardadas por las típicas casa portuguesas, pero con una altura considerable, solo es la antesala al centro de la urbe.

Un centro, coronado por una plaza abierta como pocas de Portugal, en cuyo vértice más transitado, se enclava la iglesia circular de Bom Jesús Da Cruz, acompañada de arcos de dos siglos de antigüedad, que resguardan fuentes junto a torreones, de lo que alguna vez fue un castillo. Casas de varios pisos de altura dejan entrever que la típica casa pequeña colonial de dos plantas como máximo en Barcelos fue borrada del mapa.
Jardines enormes surcan la plaza central y mezclan el verde por el gris del adoquín en una simbiosis perfecta.
Que decir de los gallos, símbolo de Portugal, decenas de figuras de mas de dos metro y en medio de alto en forma de gallos, decoran cada esquina y cada plaza en temáticas de colores tan distintos, como pasteles dulces, son expuestos en el cristal de las confiterías.
Barcelos, ciudad pequeña, con grandes espacios abiertos, con jardines que continúan al terminar de otro, calles típicas adoquinadas con casas esbeltas, señoriales y enormes.
Pero si hay una imagen de Barcelos, esa es la de la claridad de toda la ciudad, la sensación de espacio arduo que comen las plazas, eso si, con el gallo de Barcelos presidiendo cada esquina, donde los turistas sacan una y mil fotos al olor de las flores de los jardines.

VILA NOVA DE CERVEIRA

Ya desde los barrios periféricos de V.N. Cerveira, uno puede apreciar que la tranquilad y el cuidado de la cuidad van cogidos de las manos. Con sus barrios modernos de la periferia abarrotados de chalets y casitas de colores claros con jardín dan la bienvenida al viajero, causando una sensación de bienestar que invade todo el cuerpo. A los pocos metros el casco histórico, que si bien no es muy grande, el cuidado con que esta tratado y las recientes obras de rehabilitación de su plaza principal sacan del viajero una sonrisa, con la idea de quedarse a vivir allí para siempre y escapar del caos de las grandes ciudades. Vila Nova de Cerveira, son plazas adoquinadas de piedra clara donde se amontonan terrazas para degustar buena cerveza portuguesa, calles estrechas con casitas clásicas portuguesas, encabezadas en sus tejados con grandes pináculos de piedra, que evacuan el agua sobrante de sus canalones de acero en días de lluvia.

También es fortaleza, que rige en su parte central y resguarda el rio Miño a un lado y donde en su interior se expone el arte de muchos artistas portugueses que en otro lugar no tendrían ni voz ni voto. V.N Cerverira es además arquitectura religiosa con su gran iglesia presidiendo el lugar más emblemático entre la fortaleza y la plaza. Visitar esta ciudad es visitar la tranquilidad, el sosiego, el color claro de su casco histórico restaurado. Lugar donde hace tiempo moro en sus montañas cercanas el ciervo, animal que huye de toda clase de ruido y bullicio. Cerveira, un lugar para descansar.


VILA REAL

Nada mas llegar a Vila Real, sin quererlo, la vista del viajero se vuelve hacia las montañas que resguardan la ciudad, en la que el valle sobre el que se asienta es parte del bucólico lugar, una vez más, cuando la vista se centran en la ciudad de Vila Real, la impresión a primera vista es la de una oasis de vida  en medio de las enormes montañas y en cierto modo es así. Vila Real congrega la mayor cantidad de población de la zona, que sin ser muy numerosa como otras grandes ciudades, por sus aceras adoquinadas pasan multitud de gentío, casi toda, en dirección a la gran plaza, donde transcurre la mayor parte del ajetreo de esta villa. Quizás Vila Real no tenga tantos elementos artísticos como Braga, Guimaraes o Ponte Lima, pero cuando se van pasando calles, en cada esquina hay algún elemento que  llama la atención al objetivo de la cámara. Cabe destacar su impresionante plaza, en cuyo final un edificio señorial con enormes escaleras se convierte el mejor de los miradores imprevisto, su visión desde ese lugar es el mejor que se puede conseguir de la ciudad y desde el cual, se ve una iglesia recta y colonial que no es  mas que la Iglesia de São Domingo o Catedral, que parte en dos la plaza y el proseguir de su avenida más importante.
También hay que destacar otra de las iglesias más importantes de Vila Real, la Iglesia dos Clérigos, edificio de formas curvas y que uno descubre después de serpentear por sus calles estrechas flanqueadas por casas de galerías de colores.
Quizás el elemento más importante de Vila Real no sea un edifico, ni una plaza, ni siquiera una iglesia, de lo que más orgullos se sienten los vilarealenses es de un crucero de piedra situado en una plaza minúscula en pleno centro y que se conoce como Picota de Vila Real
Cabe destacar el edificio del ayuntamiento en la misma zona de la gran plaza, el palacio de Mateus a unos pocos kilómetros de la ciudad y que sin duda merece la pena ver.
Vila Real, representa el bullicio en medio de unas montañas vertiginosas, Vila Real es sinónimo de vida en medio de la tranquilidad.

VALENÇA DO MINHO
Nada más pasar el puente de hierro que construyó Eiffel viniendo de la localidad gallega de Tuy, uno se encuentra enfrente con esta amurallada ciudad. Valença do Miño permanece sitiada por sus gruesas murallas a la ladera del rio Miño, recordando los tiempos en lo que tener una fortaleza en la desembocadura de un rio era algo tan necesario como el pan y el agua para sobrevivir.
Entrar en las gruesas murallas de esta ciudad fortaleza, es retroceder el recuerdo unos cuantos siglos atrás, reforzada esta idea con la visión del típico pueblo medieval que tantas veces hemos visto en otros países, pero que sin embargo en esta ciudad, se supo sacarle el doble de provecho, ya que la mayor parte de las casas que flanquean sus calles adoquinadas, poseen tiendas y mercados, donde se puede comprar textil, elementos forjados en hierro y sus dos buques insignia, las sabanas y las toallas. Valença do Minho, aparte de ser la ciudad de las murallas, bien podrían renombrarla como la ciudad del algodón, por toda la muchedumbre que se desplaza desde España y que llena esta amplia fortaleza los fines de semana para comprar todo lo imaginable en textil.
Sus calles, recientemente reformadas, el alboroto de los comercios, sus iglesias, sus fuentes y sus plazas llenas de terrazas y restaurantes donde concluyen callejuelas, son una imagen que se queda en la retina del viajero, como el de ver España al otro lado del rio Miño desde lo alto de la colina que forma las murallas.